Viajando por el país no hay que ir muy lejos ni buscar mucho, basta ir visitando las distintas regiones con los ojos muy abiertos. La próxima vez de haberse acercado a un destino situado en la Comunidad Valenciana, que suele ser preferiblemente la costa, no pierde la oportunidad de visitar el interior aunque sea mediante de uno de estos coches de segunda mano para descubrir y ver con los propios ojos que tesoros de cultura nos brinda esta zona:
En la vida económica del Maestrazgo en las postrimerías del medievo, en torno al primer tercio del s. XVII, surgió un oficio, que llegó a dar trabajo y comida a mucha gente a lo largo de la costa oriental española como nevaters y traginers y que prosperó durante casi 400 años: el comercio de la nieve.
Teniendo en cuenta que, antes de la invención del frigorífico no existía la posibilidad de producir frío artificial, el aprovechamiento de los recursos naturales parece lo más evidente. Las condiciones climáticas a lo largo de la costa mediterránea oriental española eran muy favorables: temperaturas bajo cero, acompañadas de precipitaciones considerables, traían en los meses invernales abundantes nieves por encima de los 1.000 m. Sólo se necesitaba recogerla y acumularla en cámaras aisladas térmicamente y así se obtenía en la época cálida – mediante la presión, solidificado y comprimido – un medio refrescante, el hielo.
Utilizado al principio sólo con una finalidad médico-terapéutica, se encontraron pronto nuevas aplicaciones: se podía almacenar más tiempo la carne y el pescado y el desarrollo de la gastronomía, sobre todo en las grandes ciudades, aumentó su consumo extendiéndose hasta finales del s.XIX, durante el cual el comercio con la mercancía perecedera experimentó un verdadero auge. Largas caravanas de carros, iluminadas por portadores de antorchas, solían desplazarse por la noche a la costa. En la zona que comprende la actual Comunidad Valenciana había registradas por aquella época unas 300 neveras.
La mayoría de ellas están en ruinas hoy en día, no obstante, a causa de sus principios constructivos y sus enormes dimensiones, algunas merecen ser elevadas a la categoría de monumentos arquitectónicos dignos de conservación.