
Hoy me desperté contenta. Miré por la ventana, y vi que hacía un sol hermoso, y pensé, qué suerte estar viva, qué suerte tener salud, qué suerte que haya tanta diversidad en el mundo y que podamos pintarlo de colores… Entonces me vino a la cabeza un tema de León Gieco, “La cultura”.
Permítanme, porque bien vale la pena, que añada aquí la letra…
La cultura es la sonrisa / que brilla en todos lados / en un libro, en un niño, en un cine o en un teatro / sólo tengo que invitarla para que venga a cantar un rato / Ay, ay, ay, que se va la vida mas la cultura se queda aquí / La cultura es la sonrisa para todas las edades / puede estar en una madre, en un amigo o en la flor / o quizás se refugie en las manos duras de un trabajador / La cultura es la sonrisa con fuerzas milenarias / ella espera mal herida, prohibida o sepultada / a que venga el señor tiempo y le ilumine otra vez el alma / La cultura es la sonrisa que acaricia la canción / y se alegra todo el pueblo quien le puede decir que no / solamente alguien que quiera que tengamos triste el corazón…
Efectivamente, la cultura es la sonrisa que brilla en todos lados. Ya sea el concepto entendido como idiosincrasia de cada pueblo, o como conocimiento, es siempre esa sonrisa. No en vano, aquellos tiranos que quieren someter a sus congéneres a la oscuridad lo primero que hacen es sepultar la cultura, porque la cultura nos hace libres, la cultura es luz, y la luz es ese mismo sol que me ha emocionado esta mañana y me ha provocado ganas de exclamar “¡gracias!, gracias por la vida”.
Ésa es la idea con la que nace el presente blog; reflejar, en forma de humildes relatos, diferentes aspectos de diversas culturas, y contribuir así a la divulgación de las diferencias, porque, ya se sabe, en la variedad está el gusto, y el mundo de un solo color ¡sería tan aburrido!

Como bien es sabido, el origen de la Unión Europea reside en el mercado común; esto es, no nace con ánimo de unificar políticas –eso vendría a posteriori- o culturas, sino que se origina, podríamos decir bruscamente, con “cierto ánimo de lucro”, para fortalecer la economía de los países miembros y defender el mercado interno frente a otros competidores.
La Unión Europea es, pues, una unión supranacional, cuya naturaleza, dejando a un lado la motivación económica, se explica estupendamente por el lema elegido: “Unida en la diversidad”.
No podía ser más acertada, la cita. La diversidad cultural, es evidente. Resulta complicado hablar de la “cultura europea” como de algo único. Cuando uno mira al continente sudamericano, por ejemplo, pese a las sutiles diferencias sí que puede adivinarse un patrón cultural uniforme. Sin embargo, ello no es posible en la Unión Europea.
Pensemos, por ejemplo, en España: podemos extraer puntos en común con otros países del sur europeo, como Portugal e Italia. Sin embargo, la distancia, y no aludimos a la física, se percibe mayor cuando comparamos a la Península sin el territorio luso –o incluso con él- con otros vecinos del continente, por ejemplo Letonia, Suecia o Dinamarca.
Eso me induce a pensar que sí pueden trazarse diversas ramas culturales, si aglutinamos ciertos países en grupos (nórdicos, mediterráneos, del este europeo…), pero desde luego sostener o aludir a la “cultura europea” sería falaz. En última instancia, habría que modificar la afirmación y hablar de la “cultura del euro”, que es algo muy distinto. Y ni siquiera, pues ahora con la crisis galopante que golpea especialmente a los países del sur de Europa (Grecia, España, Portugal…), resulta evidente las redencillas…
En cualquier caso, soy de las que opina que cuanto más azúcar, más dulce. Así como considero que España es culturalmente lo que es (maravillosa) por la suma de culturas regionales, creo que es una oportunidad y una suerte que esta Unión Europea se conforme de dicha diversidad de culturas.
Ahora sólo nos falta aprender, de verdad, a convivir, y ya podremos hablar del “sueño europeo”, que ¡no sólo de Hollywood vive el hombre!